Una comitiva de 20 excombatientes volvieron a las islas después de 43 años. Desde Malvinas, contaron lo que vivieron esos días y el después.
“Somos sobrevivientes de la guerra”, contó Eduardo Alcorta de Bella Vista (Corrientes) quien después de 43 años volvió a Malvinas. Viajó en el grupo de 21 excombatientes a las islas.
Para él, “fue muy fuerte ver a los veteranos llorar frente a la tumba de sus camaradas y, a medida que llegan a sus posiciones”.
Desde Malvinas, en comunicación con Las del Nea, contó que tenía 19 años cuando tuvo que ir a la guerra. Fue herido por una esquirla de mortero.
“En el tobillo y en el caso, pero la del tobillo sentí más, no podía caminar. Tenía mucha impotencia porque quería volver a ayudar. Todo fue muy rápido. Recuerdo a mi compañero de Chaco que murió por las ondas expansivas de una bomba, explotaron sus pulmones. Lo quise ir a saludar, para mí era mi compoblano”, relató.
En suelo argentino, en las islas, y en comunicación con las periodistas, expresó que “ver las cosas que hacíamos con 18 años es escalofriante”.
“No se puede querer lo que no se conoce. Entonces, está la posibilidad de venir a Malvinas. Invito a que vengan a conocerla. Hoy (jueves 17 de abril), me acompañó un isleño hasta mi posición, me contó que él tenía 17 años cuando fue la guerra y que recuerda todo. Siempre que seamos coherentes con lo que hacemos, nos tratan bien”, comentó.
A su lado, estaba esperando dar su testimonio José de Monte Caseros. Él, describió la situación como una mezcla de emociones. Fue seguridad de Mario Benjamín Menéndez, quien fuera gobernador de Malvinas.
Así como otros que regresan, buscó algo que había dejado. Para que los ingleses no quemaran la bandera argentina, la habían enterrado en un lugar donde ahora hay una agencia de autos.
El excombatiente recordó el hambre que pasaron y que, en un momento, aprovecharon un bombardeo y, cuando había humareda, salieron en búsqueda de comida. Otro relato que estremece, fue el encontrar comida y abrigos que nunca les fueron entregados.
“Estoy debajo de las chapas después de que nos tiraran un misil y escucho que me llaman (…) les respondo que estaba vivo y que iba a bajar. Había olor a sangre y pólvora. Ahí es que Mario Aguirre vamos a enterrar la bandera argentina par que los ingleses no la quemen. En eso también tres soldados de artillería nuestros les agarró una bomba. Uno de ellos me dijo: loco me cagaron la vida. Me arrimo a un cuerpo y le faltaba un pedazo de frente y la mano izquierda colgaba. Éramos del campo y carneábamos animales, eso nos ayudó a ser más fríos y actuar”, describió.
En ese contexto, dijo que quería sacarse una duda, tomo un arma y fue hacia un conteiner que estaba cerrado. Disparó el candado.
“De rodilla a tierra miro hacia adentro y me quedé helado. Había mucha comida, bufandas, de todo. Nunca nos dieron”, contó y recordó que “cuando llegamos a Comodoro Rivadavia, salían niños llenos de comida, nos esperaban con guisos, pan, nos invitaban a las casas para que contáramos qué vivimos”.
José, relató la otra guerra que tuvieron que vivir al regreso, una en la que también fueron abandonados.
“Estuvo cinco años con una tartamudes. Tenía pesadillas cuando llovía y había relámpagos. A veces amanecía debajo de la cama porque no se te va ese instinto de supervivencia”, comentó.
También, recordó a un compañero, Benítez, con quien estuvo en su último aliento.
“Recuero esa vos de desesperación, cuando te reclaman ayuda y vos no podes hacer nada. Esa mirada con ojos grandes es cuando ya se están yendo, eso me chocó mucho”, dijo sin poder continuar el relato por revivir y quebrarse al hacerlo.
Así como en otros viajes, fueron al cementerio de Darwin, allí pudo saludar a camaradas como “el loco Olivera, Martiniano Ledesma y cuanto otros más”.
“Cantamos el himno con una emoción muy grande, en un momento nos quebramos todo y no pudimos seguir”, sostuvo.
Otro de los excombatientes que habló con Las del Nea fue Ramón Eleuterio Saucedo del Regimiento N°12. Es de Chavarría. Recordaba el número del sorteo, 477. Contó que les dijeron que iban a Comodoro Rivadavia, pero que a los pocos días lo mandaron a la guerra, él tenía 18 años.
“Estuve prisionero. Nos hicieron juntar nuestros cadáveres, algunos sin piernas o sin brazos. La pasamos mal. Tuvimos mucho rio y hambre. Recuerdo a mi compañero que murió, Secundino Riquelme a quien no lo mataron los ingleses, él se murió de hambre, estaba muy flaquito”, recordó.
Recordamos que la posibilidad de llevar excombatientes, familiares a las Islas Malvinas es parte de un programa público que apunta a la reparación en favor de los héroes y sus familias.
Así como los anteriores viajes, éste último también fue financiado por el Gobierno provincial al tener la causa Malvinas como política de Estado. Ya se concretaron cinco viajes desde 2018. Son organizados por la Dirección Provincial «Malvinas Argentinas», a cargo de José Galván.
Entrevista de Rocío Sánchez y Lyale Gimenez Loch
Foto: Gustavo Lescano






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